“María guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.”

Oración compuesta por San Antonio María Claret

Oración. — ¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra; Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad y digno de toda la veneración y ternura de los Ángeles y de los hombres; Corazón el más semejante al de Jesús, del cual sois la más perfecta imagen; Corazón lleno de bondad y que tanto os compadecéis de nuestras miserias!: Dignaos derretir el hielo de nuestros corazones, y haced que vuelvan a conformarse con el Corazón del Divino Salvador.

Infundid en ellos el amor de vuestras virtudes; inflamados con aquel dichoso fuego en que Vos estáis ardiendo sin cesar. Encerrad en vuestro seno la santa Iglesia, custodiadla, sed siempre su dulce asilo y su inexpugnable torre contra toda incursión de sus enemigos. Sed nuestro camino para dirigirnos a Jesús, y el conducto por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.

Sed nuestro socorro en nuestras necesidades, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones, nuestra ayuda en todos los peligros; pero especialmente en los últimos combates de nuestra vida, a la hora de la muerte, cuando todo el infierno se desencadenará contra nosotros para arrebatar nuestras almas, en aquel formidable momento, en aquel punto terrible del cual depende nuestra eternidad.

¡Ah! Virgen piadosísima, hacednos sentir entonces la dulzura de vuestro maternal Corazón, y la fuerza de vuestro poder para con el de Jesús, abriéndonos en la misma fuente de la misericordia un refugio seguro, en donde podamos reunirnos para bendecirle con Vos en el paraíso por todos los siglos. Amén

Jaculatoria. — Sea por siempre y en todas partes conocido, alabado, bendecido, amado, servido y glorificado el divinísimo Corazón de Jesús y el purísimo Corazón de María. Amén

2 comentarios sobre ““María guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.”

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  1. FELICITAMOS A LA LA MAMÁ DE DIOS y a la Mamá nuestra.
    Acurrucados a Sus Piés le rogamos nos haga más parecidos a Élla, para que nos parezcamos más a Su Divino Hijo.
    Un gran abrazo de nuestra parte, para cada uno de Ustedes.
    Unidos.
    Rafael Cirilo y Marina, T.O. Tenerife.

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