Sexto día a Santiago Apóstol

Esforzadísimo Campeón de la Iglesia, animosísimo Santiago, a cuyo generoso espíritu encomendó el Supremo Rey la ardua empresa de hacer frente a la judaica perfidia, y sujetar a la Divina Ley la gentílica protervia de toda España, infinitas gracias os doy por la animosidad y la fortaleza con que habéis cumplido con este soberano encargo, y por lo mismo os suplico rendidamente, que así como plantasteis en estos Reinos la Fe y la verdadera Religión de Jesucristo, así en ellos, y particularmente en mí, cuidéis de conservarla y promoverla. No ignoráis, Santo mío, que en mí, y quizá en muchísimos, está muy apagada (o como muerta) la Fe por falta de obras dignas del carácter de legítimos hijos vuestros. No se pierda, amantísimo Padre, vuestro trabajo. No os avergoncemos con nuestro indigno proceder. Sacad la Espada contra nuestros rebeldes apetitos, que nos tienen en peor cautiverio que los moros. Rescatadnos de la mísera esclavitud de nuestras pasiones, bárbaramente dominantes. Convertidnos, celosísimo Operario, de nuevo, para que la penitencia y el continuo ejercicio de las virtudes acrediten que somos de la Bandera del Grande Apóstol Santiago, así en la Militante, como en la Triunfante Iglesia. Amén.

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