Noveno día a Santiago Apóstol

Suavísimo Bienhechor y Padre de los Españoles, que en vuestra última disposición, conforme a la del Altísimo, a la que siempre os arreglasteis, tuvisteis con ellos la Paternal atención de dejarles el preciosísimo legado de vuestro sagrado Cuerpo, queriendo tuviese en Compostela su descanso, su Sepulcro y su Solio, para moveros por esta sagrada prenda a continuarnos nuestra poderosa protección: yo os alabo, os magnifico y os rindo las gracias por esta particularísima seña de vuestro amor a los Españoles. ¿Con qué os pagaremos, Patrón amabilísimo, este imponderable favor? ¡Oh, si supiésemos estimarlo! ¡Oh, sí acertásemos a darle aquel culto puro y aquella álgida veneración que nos merece! No permitáis, Santo mío, en vuestros vasallos, y en los felicísimos herederos y poseedores de vuestras Sagradas Reliquias el feísimo vicio de la ingratitud. Todo el mundo os ame, os reverencie y os ensalce; pero nosotros sobre todos. Dadnos, Apóstol prodigioso, una humilde confusión de ver lo poco que hacemos en culto vuestro, a vista de lo que tantos de tan distintas Naciones ejecutan por lograr el consuelo de tocar respetuosamente las losas de vuestra Apostólica Basílica. Haced que conmutemos las penalidades y gastos de la peregrinación de otros en obras de mortificación y caridad, especialmente con los mismos peregrinos, y últimamente proteged vuestra España; prosperad sus Monarcas, aumentad sus victorias, para que reine hasta el fin del mundo en nosotros la Fe, la Religión y la gracia de Dios, que por su infinita misericordia nos lleve a acompañaros en la eterna Patria. Amén.

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