Cuarto día a Santiago Apóstol

Dilectísimo Ministro de la Majestad suprema de Dios y tan favorecido del Soberano Jesús, que no quiso en la tierra manifestar la gloria de su maravillosa Transfiguración sin que vos fueseis participante de ella, os suplico encarecidamente por aquel gozo que tuvisteis en el Tabor, cuando visteis en él reducida a un breve Mapa la Bienaventuranza eterna, que así como para subir a la cumbre, en que merecisteis gozarla, os confundisteis con la abnegación de vos mismo, el desprecio del mundo y una rendida obediencia a los Preceptos de Jesucristo, así por los mismos medios me disponga para recibir del Señor una luz con que más claramente conozca y contemple en esta vida sus perfecciones y altísimos Atributos, para que más y más enamorado de aquella incomprehensible hermosura, desprecie por ella todas cuantas delicias me pueda ofrecer la tierra, y ponga todos mis cuidados en conseguir las del Cielo. Amén.

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